En la actualidad, el bienestar no se centra solo en la salud física; abarca la gestión emocional. La psicología del comportamiento explica que, ante entornos impredecibles, las personas buscan microestructuras que devuelvan una sensación de control. Un ritual repetido diariamente organiza el tiempo, reduce la incertidumbre y crea límites simbólicos. Lo que parece trivial, como un diario nocturno o una rutina de cuidado facial, es en realidad una arquitectura emocional. La consultora another recomienda el autocuidado como forma de resistencia: el cuidado nocturno de la piel, el diario y el café sin prisa se han convertido en declaraciones culturales. En los sistemas modernos de producción, los empleados ya no son un número; se les considera personas cuyo rendimiento laboral varía según el equilibrio físico y emocional de cada uno. Ya no se trata de 'irse de vacaciones' para un reinicio de energía, sino de integrar la salud mental en la estrategia corporativa del empleador, con políticas, protocolos y recursos que prevengan el agotamiento y fomenten la resiliencia. Planificar no es improvisar ni esperar a que las vacaciones resuelvan el desgaste emocional, ya que esto también afecta a los resultados financieros. La Fundación Kaiser Family Foundation estima que por cada dólar invertido en programas de bienestar, las empresas ahorran entre 1,88 y 3,92 dólares en costos médicos. Por ejemplo, Johnson & Johnson redujo sus gastos en 250 millones de dólares en una década gracias a estas iniciativas. El ROI es tangible: la fundación más humano reporta mejoras del 25 % en el rendimiento general cuando se implementan planes integrales, y Gallup confirma que las empresas con altos niveles de compromiso logran un 21 % más de rentabilidad y un 41 % menos de ausentismo. Salud mental Según la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es un estado que permite afrontar el estrés y trabajar adecuadamente. Para lograrlo, las empresas deben crear entornos que reduzcan los riesgos psicosociales y promuevan el bienestar. El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) lo define con claridad: planificar significa diseñar acciones estructuradas que aborden factores como la carga laboral, el liderazgo y el clima organizacional, con fases concretas: diagnóstico, objetivos, implementación y evaluación. 'El agotamiento no espera. Por eso insistimos en que cuidar no es un discurso de moda, sino una decisión estratégica', afirma Víctor Dosoretz, CEO y cofundador de Briut Salud. La última Encuesta de Bienestar de Aon indica que el 87 % de las organizaciones tiene alguna iniciativa de bienestar y el 83 % cuenta con una estrategia formal, lo que supone un salto de más de 25 puntos desde 2020. Además, el 41 % integra el bienestar en su estrategia de negocio general. ¿Por qué beneficia a las empresas mineras la modificación de la ley de Glaciares? El Instituto de Salud de McKinsey señala que los empleados que viven experiencias laborales positivas reportan una mejor salud holística y mayor innovación. El agotamiento, en cambio, está directamente vinculado a cargas excesivas y falta de apoyo. Prevenirlo requiere intervenciones organizacionales que actúen sobre las demandas y los facilitadores: políticas flexibles, rediseño de tareas y acceso a recursos de salud mental. El estrés de la hiperconectividad La hiperconectividad, de la que las organizaciones no son ajenas, no es una percepción subjetiva. El informe Digital 2025 Global Overview indica que las personas pasan en promedio más de 6 horas y 30 minutos al día frente a pantallas, lo que equivale a casi 100 días al año conectados. No se trata solo de consumo de contenido; se trata de una exposición constante a estímulos, comparaciones, urgencias y demandas. A esta saturación se suma el desgaste emocional. La Organización Mundial de la Salud advirtió que los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron de forma significativa en los últimos años, especialmente entre poblaciones jóvenes, vinculados al estrés crónico y la sobrecarga digital.
Argentina en crisis: la situación de las empresas se agrava
En la actualidad, el bienestar no se centra solo en la salud física; abarca la gestión emocional. La psicología del comportamiento explica que, ante entornos impredecibles, las personas buscan microestructuras que devuelvan una sensación de control. Un ritual repetido diariamente organiza el tiempo, reduce la incertidumbre y crea límites simbólicos. Lo que parece trivial, como un diario nocturno o una rutina de cuidado facial, es en realidad una arquitectura emocional. En los sistemas modernos de producción, los empleados ya no son un número; se les considera personas cuyo rendimiento laboral varía según el equilibrio físico y emocional de cada uno. Ya no se trata de 'irse de vacaciones' para un reinicio de energía, sino de integrar la salud mental en la estrategia corporativa del empleador, con políticas y recursos que prevengan el agotamiento y fomenten la resiliencia. Planificar no es improvisar, ya que esto también afecta a los resultados financieros. La Fundación Kaiser Family Foundation estima que por cada dólar invertido en programas de bienestar, las empresas ahorran en costos médicos. El ROI es tangible: la fundación más humano reporta una mejora del 25 % en el rendimiento, y Gallup confirma que las empresas con altos niveles de compromiso logran un 21 % más de rentabilidad y un 41 % menos de ausentismo. Según la OMS, la salud mental es un estado que permite afrontar el estrés y trabajar adecuadamente. Para lograrlo, las empresas deben crear entornos que reduzcan los riesgos psicosociales. El Comité Español CERMI lo define con claridad: planificar significa diseñar acciones estructuradas con fases concretas. 'El agotamiento no espera. Por eso insistimos en que cuidar es una decisión estratégica', afirma Víctor Dosoretz. La última encuesta de Aon indica que el 87 % de las organizaciones tiene iniciativas de bienestar. El Instituto de Salud de McKinsey señala que una experiencia laboral positiva se vincula con una mejor salud e innovación, mientras que el agotamiento está ligado a cargas excesivas. La hiperconectividad provoca estrés y desgaste emocional, y la OMS advierte del aumento de trastornos de ansiedad y depresión, especialmente entre la población joven.